Está
prohibido soñar
Frei
Betto
El
Sucre -
Rebelión
31
de enero del 2005
Quien tiene más fuerza tiene más razón; quien
dispone de más poder está revestido de autoridad.
¿O acaso no fue la razón cínica la que posibilitó
a los Estados Unidos anexar a su territorio, entre 1836 y 1848,
vastas extensiones de México, como Texas y California,
y todo un país soberano como Puerto Rico (1898)?
La
utopía que la dominación neocolonialista diseminó
en el continente es fabricada en los estudios de Hollywood. Pero
¿cómo soñar con puerta tan estrecha? ¿Cómo
subir tantos peldaños si nos faltan piernas y manos? ¿Está
prohibido soñar con un mundo en que no haya opresores y
oprimidos y en el que las diferencias sexuales, raciales, étnicas
y religiosas no establezcan desigualdades entre las personas?
Dicen
que ahora llegamos al ´fin de la historia´. La única
opción que queda es entre capitalismo y capitalismo. No
matan nuestros sueños, sino que enseñan que no son
abstractos ni se sitúan en la punta del tiempo. Son concretos
y palpables, se sitúan en nuestro espacio y cuestan dinero.
Sólo ellos deben ser objeto de nuestro deseo: un par de
tenis, una bicicleta, un carro nuevo, una casa de campo, fiestas
y dinero en el banco.
El
fin de la historia coincide con la llegada de los estantes. Las
catedrales góticas quedan ahora a la sombra de los centros
comerciales. Hoy el sueño ya no necesita ser conquistado
ni exige heroísmo. Quizás un poco de sacrificio
para ser comprado. Y la ascética económica, bajo
la promesa de glorias futuras, es especialidad del FMI.
Ahora
somos considerados por la marca que llevamos. Salen los ideales,
entra el mercado. En medio de tanta competitividad queda bonito
hablar de solidaridad, igual que conviene echar alabanzas a la
democracia para que la mayoría no desconfíe de que
se encuentra excluida de las decisiones y de las realizaciones
del poder.
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