Para ignorantes económicos
Alberto Piris
La Estrella Digital - Rebelión.org
30 de marzo del 2001
Para los que nos consideramos profanos forma
disimulada de decir ignorantes en asuntos económicos,
la lectura de algunas páginas de la prensa
especializadas en estas cuestiones no deja de ser
desconcertante. Desconcierto que se traduce en
preocupación cuando se sabe que tantos y tan
importantes factores económicos están en la base de
los conflictos políticos y sociales que nos aquejan.Se ha informado recientemente de que Telefónica ha
empezado a experimentar el trasvase de sus operadores
de información los que atienden al tan socorrido
número 1003 a Marruecos, donde el sueldo de un
operario es del orden de 45.000 pesetas, menos de la
mitad de lo que cobraría si desempeñara la misma
función en España. Se ha dicho también que se trata de
estudiantes locales de español, para que su acento no
les delate, que además reciben nombres ficticios
cuando atienden al público.Así que cuando usted, querido lector, quiera
interesarse por el número de algún abonado y escuche
en su auricular: "Le atiende Antonio González", puede
fundadamente sospechar que se trate de Mohamed Sebti
quien consultará su pantalla de trabajo en Tánger no
en la ciudad española desde donde usted llama para
proporcionarle el deseado número.Tal tipo de maniobra, utilizada cada vez más por las
empresas multinacionales, es aplaudida usualmente por
los expertos económicos. Consideran una óptima
estrategia empresarial el utilizar mano de obra de
países donde los sueldos son miserables, los
sindicatos son débiles o inexistentes y los regímenes
políticos pertenecen a ese tipo no democrático, tan
vituperado de palabra por Occidente como aceptado a
efectos prácticos, donde se garantiza por la fuerza
esa estabilidad a cuya sombra fructifica el dinero.
Así que las acciones de empresas tan ejemplares acaban
subiendo a pesar de las tempestades bursátiles
porque los especuladores conocidos púdicamente como
inversores saben favorecerlas por su reconocida
habilidad para aumentar los beneficios.Vemos, pues, que el capital puede emigrar libremente y
explotar con sueldos de miseria y jornadas abrumadoras
a la mano de obra de los países subdesarrollados. Pero
cuando desde éstos emigran quienes allí viven en
condiciones paupérrimas, aspirando a establecerse en
Europa, para ser también explotados inicialmente de un
modo parecido irrisorios salarios, inseguridad
social, inestabilidad en el empleo los epítetos más
desaprobadores caen sobre ellos: se trata de
inmigrantes vagos y perezosos, abusadores de los
sistemas de seguridad social locales o plaga que viene
a perturbar el idílico orden de nuestros pueblos. Y se
les expulsa por la fuerza en cuanto esto es factible.En resumidas cuentas, en este mundo globalizado lo que
puede moverse libremente son los capitales, mientras
que la mano de obra está sujeta a estrictas
limitaciones.Si además se entiende que son precisamente esos
capitales que se mueven impulsados por los vientos
especuladores los verdaderos responsables de la
miseria y la pobreza del mundo subdesarrollado, la
desigualdad y la injusticia que esto implica aparecen
monstruosas.La pregunta que uno se hace es simple: ¿cuánto puede
durar esta situación? Susan George, presidenta del
Observatorio de la Mundialización de París, ha dicho
recientemente: "El poder hoy está en los mercados
financieros, en los que sólo cuentan 150 personas, y
está en los dirigentes de las transnacionales y sus
servidores...". En su libro El Informe Lugano,
recientemente publicado, dice que "la mala gestión de
la economía globalizada, sus propios excesos y
descontrol llevan a la quiebra del sistema". Y afirma
que lo que verdaderamente importa "es controlar esta
máquina de destrucción de la cual todos dependemos,
pero lo más grave es que quienes más se benefician de
ella son incapaces de controlarla". Si esto opina una
persona experta y crítica con el actual sistema
económico, los legos en esta materia tenemos motivos
más que suficientes para alarmarnos. Entre un mundo
regido por fanatismos religiosos como el que
Occidente ha logrado con esfuerzo superar y otro
dirigido por los pontífices del capital, en verdad no
se sabe ya qué puede ser peor para el conjunto de la
Humanidad.
