Soldado norteamericano pide el fin de una ocupación basada en mentiras
Tim Predmore
Peoria Journal Star - The Guardian - Granma Internacional
14 de octubre de 2003
EN los últimos seis meses, he estado participando en lo que creo es una gran mentira: Operación Libertad para Iraq.Después de los horrorosos acontecimientos del 11 de septiembre del 2001, y de la batalla en Afganistán, estaban preparadas las condiciones para la invasión de Iraq. Conmoción y horror fueron las palabras usadas para describir el despliegue de poder que el mundo iba a observar al comienzo de la Operación Libertad para Iraq. Se trataba de un dramático y cerrado despliegue de fuerza militar y tecnología avanzada sacado de los arsenales norteamericanos y británicos.
Pero como soldado que me preparaba para tomar parte en la invasión de Iraq, las palabras conmoción y horror vibraban fuertemente en mi psiquis. Aun cuando nos preparábamos para partir, parecía que estas dos grandes superpotencias iban a incumplir las mismas reglas que a otros demandaron obedecer. Sin el consentimiento de las Naciones Unidas e ignorando las súplicas de sus propios ciudadanos, los Estados Unidos y la Gran Bretaña invadieron a Iraq. ¿Conmoción y horror? Sí, las palabras describen correctamente el impacto emocional que sentí cuando nos embarcamos, no en un acto de justicia, sino de hipocresía.
Desde el momento que se disparó el primer tiro en esta llamada Guerra de Liberación, se dio riendas sueltas a la hipocresía. Después de la transmisión de las imágenes grabadas de los soldados norteamericanos capturados, por la televisión árabe, los líderes norteamericanos y árabes juraron venganza, al tiempo que atacaban verbalmente dichas transmisiones por hacer despliegue de imágenes tan vívidas. A pocas horas de las muertes de los hijos de Saddam Hussein, el Gobierno de Estados Unidos publicó fotos horrendas de los dos hermanos muertos para que fuesen vistas en todo el mundo. Otra vez lo mismo, hagan lo que decimos y no lo que hacemos.
Como soldados que servimos en Iraq, se nos ha dicho que nuestro propósito es ayudar a la gente de Iraq suministrándoles la necesaria asistencia militar y esforzarnos en el asunto humanitario. Pero díganme dónde hay humanismo en una reciente versión de Stars and Stripes (el periódico de los militares yanquis) donde se publicó que dos niños fueron traídos a un campamento militar por su madre buscando asistencia médica.
Los dos niños estaban, sin saberlo, jugando con explosivos que habían encontrado, de donde quedaron severamente quemados. La versión nos dice que, después de una espera de una hora se les negó la asistencia médica por los dos doctores militares. Un soldado describió el incidente como una de las muchas atrocidades que había presenciado por parte de los militares norteamericanos.
Por fortuna, no he sido testigo de esas atrocidades a menos que usted, por supuesto, considere como yo que esta guerra en Iraq es la última atrocidad.
Entonces, ¿cuál es nuestro propósito aquí? ¿Se debió esta invasión a las armas de destrucción masiva como hemos oído a menudo? Si es así, ¿dónde están? ¿Invadimos para disponer de un líder y su régimen porque estaban estrechamente asociados con Osama bin Laden? Si es así, ¿dónde está la prueba?
¿O es que esa incursión es para nuestra ventaja personal? El petróleo iraquí puede ser refinado a un costo sumamente bajo. Esto parece como una cruzada moderna, no para liberar a un pueblo oprimido o liberar al mundo de un demoníaco dictador implacable en su búsqueda de conquista y dominación, sino una cruzada para controlar los recursos naturales de otra nación. El petróleo, al menos para mí, parece ser la razón de nuestra presencia allí. Sólo hay una verdad: que los americanos están muriendo. Se estima que hay de 10 a 14 ataques diarios contra nuestros hombres y mujeres en Iraq. Al tiempo que continúa la cuenta creciente de cadáveres, todo indica que no se ve el fin a la vista.
Una vez creí que servía a una causa: Mantener en alto y defender la Constitución de los Estados Unidos. Ya no creo en eso, he perdido mi convicción y mi determinación. Ya no puedo justificar más mi servicio, basándome en lo que creo sean medias verdades y descaradas mentiras. La sabiduría aumenta con la edad, y con 36 años de edad ya no creo ciegamente sin cuestionarme a mí mismo.
Desde mi arribo el pasado noviembre a Fort Campbell, en Kentucky, se hablaba del despliegue, y al convertirse en preparativos reales, mi corazón sufrió un vuelco y mis dudas crecieron. Mis dudas nunca han palidecido, en cambio, sí lo han hecho mi resolución y compromiso.
Mi tiempo aquí está a punto de cumplirse, y el de muchos con los que he servido. Todos hemos enfrentado la muerte en Iraq sin razón y justificación. ¿Cuántos más van a morir? ¿Cuántas más lágrimas se derramarán antes que los norteamericanos despierten y demanden el regreso de los hombres y mujeres cuyo trabajo consiste en protegerlos, y no satisfacer el interés de sus líderes?
*TIM PREDMORE es un soldado americano cumpliendo su deber con la 101ª división aerotransportada, con base en Mosul, al norte de Iraq. Una versión de este artículo apareció en el Peoria Journal Star, de Illinois
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