Inquietudes
del Sur
Gennaro
Carotenuto
La
Jornada
6
de enero de 2005
Una tragedia del subdesarrollo como la del golfo del Bengala ha
sido contada al Sur por el Norte privilegiando el drama de los
turistas sobre la catástrofe local. Sin embargo, otra comunicación,
desde el Sur, es posible y necesaria.
El mundo vive
una ola anómala de solidaridad, favorecida por la Navidad
y el maremoto. Los europeos compran solidaridad enviando un SMS.
Con un mensajito de celular -interactividad es la palabra clave
de nuestra modernidad- mandan un euro a un niño de Sri
Lanka. Si el mismo niño lavara vidrios en los semáforos,
no le tocarían más de 50 centavos. Sin embargo,
en Italia se han recogido más de 5 millones de euros, más
de lo que ha dado el gobierno, que donó lo que podía:
3 millones. Se ignora cuántos SMS envió Silvio Berlusconi,
cuyo patrimonio personal es de 14 mil millones de euros, pero
tuvo una excelente idea: que el G8 cancele la deuda externa de
los países damnificados. Nadie lo tomó en serio
y se ignora si él mismo se tomó en serio su propuesta.
Su amigo George
W. Bush se puso a la cabeza del mundo libre para salvarlo del
nuevo malo de la película: tsunami, que ha exhibido pruebas
incontrovertibles: es pariente de Saddam, hacía negocios
con Osama y es un poco comunista, ya que no distinguió
entre chozas y hoteles cinco estrellas. De paso, salvando el mundo,
quedará una base de marines en Phuket o un puertito para
los submarinos atómicos en las islas Andamanes. Lamentablemente
los buenos propósitos del comandante en jefe estadunidense
chocan con las miserias humanas. No tenía más de
35 millones de dólares; poquitos para salvar el mundo.
Es pedante sacar cuentas, pero 35 millones son la cuarta parte
de lo que sale un avión de combate barato y es 0.000075
por ciento de lo que gastó Estados Unidos en 2004 en "defensa".
Más: cada estadunidense invierte cada año en las
guerras el costo de una buena computadora portátil. A cambio
a las víctimas del maremoto les han regalado... ¡medio
pucho! Y es la mitad final, porque de fumar un cigarro a medias
con un tipo de Bangladesh, al contribuyente de Estados Unidos
le da un poco de asquito.
Tony Blair,
en un ataque de moralismo de los que exhibe cada vez que miente,
se ha indignado desde Downing Street. Los gobiernos involucrados
no han comprado las excelentes patentes anglosajonas que hubiesen
prevenido el maremoto, transformando la situación en un
excelente escenario para un mundial de surf. Tony olvida que el
FMI, del cual Gran Bretaña es socio fundador, reta a todo
país endeudado que intente despilfarrar dinero en obras
públicas, salud, educación.
Moralismo
por moralismo: hay que admitir que en Asia no pasó nada
especial y que no hay motivo para gastar tantos mensajitos. Los
muertos por hambre son 150 mil en cuatro o cinco días cualquiera,
sin que nadie mande un SMS, ni siquiera a los parientes. Maldad
por maldad: tanta atención mediática por un hecho
tan lejano se debe a la globalización. Es esta cosita linda
que nos involucra a todos en un único planeta auspiciado
por Mastercard, y cada Navidad nos hace cantar con vela en la
mano que we are the world. Sin embargo, es la misma globalización
que llevó a Union Carbide a envenenar la ciudad de Bhopal,
en India. O la que lleva todos los días aviones chárter
cargados de bandidos -funcionarios, contadores, maestros, vecinos
de mi barrio- a Tailandia como a Brasil, a llenarse de Viagra
para violar mejor niñas y niños. O que lleva a Nike
o Reebook a violarlos de otra manera -las dos firmas tienen más
de 40 por ciento de producción entre Indonesia y Tailandia-
haciéndolos trabajar en condiciones indignas. Y es la misma
globalización que hace flotar cadáveres en nuestros
televisores sin ningún respeto para nuestros almuerzos
navideños. Y entonces nos queda la duda de que tanta condolencia
nazca del hecho de que por ahí hubo cientos o miles de
cadáveres cinco estrellas, aunque sean probablemente menos
del uno por cierto de los muertos y un porcentaje insignificante
de los damnificados. Si mil muertos suecos son un drama para Suecia,
son apenas un detalle en una tragedia bíblica que hizo
5 millones de sin techo.
Todo lo escrito
hasta ahora atestigua un circo político/mediático
de hipocresía, frivolidad, cinismo, avaricia. Son los mismos
parámetros con los que el Norte maneja cuestiones que involucran
a 80 por ciento de la humanidad. Y son las mismas reglas informativas
de un mundo donde el Norte produce y cuenta la historia del Sur.
También
en la lejana -desde Indonesia- Caracas, en ese caótico
laboratorio de ideas que es la revolución bolivariana,
se observa cómo las prioridades las elige el Norte: las
prioridades en socorrer a las víctimas, empezando por los
famosos de los resorts, superlujo en las Maldivas, la prioridad
de exigir respetar los cadáveres occidentales como si no
llevaran el mismo riesgo de epidemias que las víctimas
locales, y las prioridades en el modo de contar la tragedia.
Los venezolanos
sobrevivieron al primer golpe de Estado mediático en la
historia. En el Encuentro Mundial de Intelectuales en Defensa
de la Humanidad -celebrado en Caracas hace un mes- una de las
ideas guías fue la necesidad de que el Sur encuentre la
manera de comunicar al mundo sus prioridades. El planeta está
asolado por información sesgada de los medios, independientes
en apariencia, pero que pertenecen a menos de 10 multinacionales,
todas defensoras del neoliberalismo. Cabe recordar que la prestigiosa
e "independiente" BBC jamás llama a Augusto Pinochet
por lo que fue: dictador y asesino, y respetuosamente lo apoda
como lo que quiso ser con sus crímenes, presidente: presidente
Augusto Pinochet.
El Sur -se
afirmó en el encuentro- tiene que saber comunicar al Sur
mismo y defenderse de la comunicación producida en el exclusivo
interés del Norte. Pero también tiene que aprender
a inundar el Norte con su información, su cultura, prioridades,
razones, necesidades y tragedias. Crear, producir, exportar cultura
e información, antagonista, comunitaria, pero también
de masas, que esté en el mercado imponiendo contenidos,
donde "independiente" sea desde los intereses del neoliberalismo
y en el interés de los pueblos. Producir y defender. El
Sur debe defender sus contenidos, su cine, su televisión,
su información de la penetración del Norte, estableciendo
por ley cuotas de mercado en todos los medios, reservadas a producciones
locales o regionales. ¿Qué utilidad social tienen
canales que las 24 horas transmiten películas producidas
en un único país extranjero? Estos medios, manejados
desde miles de kilómetros de distancia, no dejan en el
país receptor ni cultura ni puestos de trabajo ni riqueza.
¿Es útil a las sociedades civiles del Sur que se
concedan licencias para operar de manera tan unidireccional?
De Caracas
partirán iniciativas concretas importantes, como Tv Sur,
que será la CNN del Sur, llegando a todos los cables del
Sur y del Norte. También podría nacer una gran agencia
de prensa que ofrezca a los medios de comunicación del
mundo una visión distinta de la "oficialista"
Associated Press o Reuters. Sería menos útil si
no fuera parte de un proceso cultural en el cual todos los Sures
dejen de ser receptores de comunicación para transformarse
en productores y exportadores.
La pretensión
de las trasnacionales de comunicación multimedia de declararse
objetivas e independientes sólo porque las mueve la "mano
invisible del mercado" hace tiempo dejó de ser creíble.
Así lo atestigua la mentira repetida de las armas de destrucción
masiva iraquíes, difundida por los gobiernos del Norte
con la complicidad de medios de comunicación falsamente
independientes, pero poderosísimos: CNN, FOX, CBS.
En un mundo
multipolar, múltiples voces deben comunicar bidireccionalmente.
Al Jaazeera no es un medio antagonista: es televisión comercial;
sin embargo, ha demostrado que se pueden comunicar al mundo visiones
alternativas. Se tomó la libertad de informar a su público,
islámico, desde el punto de vista de las víctimas,
islámicas, invadidas por los anglosajones. En el unanimismo
post 11 de septiembre era una voz aislada, pero adquirió
autoridad para ser escuchada en caudales distintos, mucho más
anchos del circuito progresista/antagonista, y ser referencia
y fuente ineludible aun para los productores del Norte. Paralelamente
es ineludible penetrar en las cuotas crecientes de los medios
comerciales que llegan a las masas. Hay que producir información,
pero también espectáculos, ficción, teleseries.
Hay que ser iguales, pero distintos. Como afirmó Mario
Benedetti: "la peor telenovela venezolana sólo quiere
contar una historia. A cambio, la mejor soap opera de Hollywood
siempre quiere imponer un sistema de valores y consumos".
Hoy en Venezuela hay telenovelas bolivarianas que operan en el
mercado de masas, y no sólo en los nichos, ofreciendo valores
solidarios y antimperialistas. Si el Sur también existe
debe contarlo al mundo.
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©2003-2005. Los pobres de la tierra.org - San José,
Costa Rica.
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