El Opus Dei a la conquista del mundo
Thierry Meyssan
Red Voltaire
11 de abril del 2004
http://www.redvoltaire.net/article359.html
Fue durante la dictadura del general Francisco Franco en España que
el sacerdote José María Escriva de Balaguer funda e instala los
cimientos del Opus Dei [1]. Como consejero espiritual de Franco [2] y
gracias a la organización que viene de crear, Balaguer se da como
misión de seleccionar y formar las elites de la dictadura franquista
hasta llegar a controlar lo esencial del poder. Más tarde Balaguer
fue enviado al Vaticano. Desde allí trabajó para extender su poder en
América Latina. El Opus Dei desarrolla una gigantesca campaña para
recuperara los sacerdotes católicos, «culpables» antes sus ojos de
apreciar los análisis marxistas y de oponerse a las dictaduras, sean
militares o católicas.Oficialmente el Opus Dei no es más que una asociación católica
internacional. Su labor se resumiría a la actividad espiritual de sus
79 303 miembros (sea 1 506 sacerdotes, 352 seminaristas y 77 445
laicos). Los miembros que el Opus Dei selecciona son la crema y nata
de la sociedad latinoamericana y europea. Entre ellos los grandes
propietarios de compañías multinacionales, los magnates de la prensa
y la financia, jefes de Estado y del gobierno. A cada uno de ellos,
el Opus Dei les exige una austera disciplina y una completa
obediencia. Una manera muy inteligente de fingir y enmascarar sus
actividades políticas «personales», gracias a sus ejecutivos de las
«clases dominantes» en el mundo entero, el Opus Dei puede imponer sus
valores a los pueblos.Esta secta fue fundada el 2 de octubre de 1928 por un joven sacerdote
católico español, de origen modesto, el cura José María Escriva de
Balaguer. Era más que todo un intento de estos adeptos de llegar a la
Santidad mediante la participación a la instauración de un régimen
teocrático, en la cual Escriva de Balaguer sería el profeta. La
guerra civil española les pareció como la ocasión ideal e inesperada
de establecer el Estado católico de sus sueños. El sacerdote Escriba
llegó a ser el consejero espiritual y de conciencia del general
Franco. Juntos restablecerían el antiguo principio: «Cujus regio,
ejus religio» (tal gobierno en un Estado, tal religión en este
Estado).El Opus Dei se tomó como objetivo de seleccionar y de formar las
elites de la dictadura española hasta controlar lo esencial del
poder. Así, en los años setenta, el gobierno franquista del almirante
Carero Blanco fue calificado de « monocolor » : de sus 19 ministros,
12 eran del Opus Dei. A pesar que Escriva de Balaguer no ejercía
ninguna responsabilidad directa en el régimen, el «padre» Balaguer
nunca cesó de aconsejar al Generalísimo. Fue él quien sugirió el
restablecimiento de la monarquía de derecho divino. Franco fue
proclamado presidente a vida.Balaguer preveía de hacerse proclamar regente una vez acontecida la
muerte del Caudillo. Por tal motivo se hace ennoblecer en 1968 bajo
el título de Monseñor Escriva de Balaguer marqués de Peralta. Pero el
plan fue modificado. Al año siguiente Franco designa al príncipe Juan
Carlos I de Borbón para sucederlo (el actual rey de España). De todas
maneras Monseñor Escriva de Balaguer tenía otras ambiciones. A los
finales de la Segunda Guerra Mundial viaja a Roma, una vez allí se
dedicaba a consolidar y extender su poder en América Latina.
Oratorios y capillas del Opus Dei fueron instalados en las embajadas
españolas, cosa que facilitaría el contacto entre las elites locales.
Escriva de Balaguer brindaba igualmente sus consejos espirituales a
todos aquellos que ambicionaban de luchar contra el comunismo y de
consolidar la fe católica en su país. Fue en estas circunstancias que
Balaguer viajó apresuradamente a Santiago de Chile en 1974, para
celebrar una acción de gracias con tres de sus «hijos espirituales»,
el general Pinochet, el almirante Merino y el general Leigh.Otra de las inquietudes de Balaguer era extender su «Obra» en Europa
pero fue en parte impedido por el aislamiento diplomático de España
en aquella entonces. Su objetivo era de volver a crear una
internacional anticomunista (como la que crearon Franco-
Mussolini-Hitler durante la guerra civil española), de sacar del
apartamiento a la España franquista y de favorecer la construcción
europea.En 1957 hizo crear en Madrid, por el archiduque Otto von
Habsburg-Lothiringen, le Centre Europeo de Documentación y de
Información (CEDI) y, gracias a dos otros de sus «hijos
espirituales», Alcide de Gasperi et Robert Schuman, Balaguer pudo
tener un peso en la redacción del tratado de Roma, primer cimiento
para la creación de la Comunidad Europea.
A igual que Francisco Franco, el «padre» fallece en el año 1975. Fue
un error de creer que el Opus Dei desaparecería con ellos en el
infierno. Un apogeo de esta secta fue constatado tres años más tarde,
en 1978. Aprovechando de las intrigas y la parálisis del Sagrado
Colegio, el Opus Dei logró convencer a los cardinales de elegir uno
de sus predicadores como Papa: el arzobispo de Cracovia, Karol
Wojtyla, más conocido como Juan Pablo II. A partir de ese momento la
secta del Opus Dei pudó encaminar a su provecho el aparato
diplomático del Estado del Vaticano y la reorganización religiosa de
la iglesia católica.Juan Pablo II constituyó su gabinete exclusivamente de sacerdotes del
Opus Dei y se dedicó a desmontar toda resistencia en el seno de la
Iglesia. Por tal motivo hizo aislar- «por razones de salud»- al
superior de los jesuitas, el padre Pedro Arupe y nombró un
administrador provisorio de la misma orden para remplazarlo en la
persona del padre Dezza, quien si era miembro del Opus Dei. Pero no
se atrevió a disolver la compañía de Jesús. Se ocupó también de
controlar a los sacerdotes latinoamericanos, culpables de compartir o
apreciar los análisis marxistas y de oponerse a las dictaduras
católicas. Todo esto en un gigantesco proceso de control
eclesiástico.Dos personas celotas [3] fueron fieles servidores de la política de
Balaguer: Monseñor Josef Ratzinger, prefecto de la Congregación para
la Doctrina y la Fe y, Monseñor Alfonso López Trujillo, presidente
del Concejo Pontifical para la Familia. Un centro de vigilancia fue
instalado en Bogotá, Colombia, dotado de una potente computadora de
capacidad estratégica, conectados al Vaticano. Se fichaban todos los
datos y actividades políticas de los curas y religiosos
latinoamericanos. Es a partir de estas informaciones y datos de
inteligencia que fueron asesinados por «escuadrones de la muerte», el
padre Ignacio Ellacuria o Monseñor Oscar Romero en El Salvador. Entre
otras cosas, Juan Pablo II promulgó un nuevo código de derecho
canónico, cuyo artífice principal fue el prelado del Opus Dei,
Monseñor Julián Herranz-Casado, a quien se le nombró más tarde
presidente del Concejo Pontifical para la Revisión de los Textos
Legislativos.Fue este último quien dotó a la «Obra de Dios» de un estatuto a su
medida: «La Prelatura Apostólica». En adelante los miembros del Opus
Dei escapan a la autoridad de los obispos en el territorio donde
residen. Obedecen únicamente que a su superior religioso, prelado o
al Papa. Esta organización ha llegado a ser un instrumento de control
de las Iglesias locales al servicio del poder temporal del Vaticano.
Este destino lo encontramos en el pasado y en otra secta que reinó
con el terror religioso en la España del siglo XVI, antes de imponer
y exportar su fanatismo en la Iglesia Universal: El Oficio de la
Santa Inquisición [4].En fin, el Papa confió la administración de la «Congregación para la
Causa de los Santos» a un miembro del Opus Dei, Rafaello Cortesini.
Juan Pablo II emprendió el proceso canónico del sacerdote Escriva de
Balaguer y proclamó su beatificación el día de su cumpleaños, el 17
de mayo 1992. Esta mascarada sublevó vivas polémicas en la Iglesia
Romana. Todos los testimonios y relatos de oposición a la «causa del
santo» fueron rechazadas sin ser escuchadas mientras que 6000 cartas
postuladoras [5] fueron incluidas al expediente. Estas emanaban sobre
todo de los 69 cardinales, de los 241 arzobispos, de 987 obispos y de
numerosos jefes de Estado y del gobierno.
Thierry Meyssan
Periodista y escritor, presidente de la Red Voltaire