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El sida: veinteañero

Laura Alicia Garza Galindo

La Jornada

30 de enero de 2005

 


Resulta en verdad preocupante la información transmitida por los medios de comunicación, relativa a que los grupos radicales de la derecha en México han iniciado una gran ofensiva en contra del condón o preservativo. No tuve en esta ocasión la previsión de guardar las notas respectivas para, con base en ellas, lograr formular la crítica a los mensajes textuales que esos grupúsculos irresponsables han empezado a circular con el propósito de endulzar los oídos de los que odian el uso de ese protector contra el sida, otras enfermedades venéreas y como método de planificación familiar, bajo el embuste mayor de que el látex del que están compuestos permite el tránsito del virus del sida, de otros microorganismos y de los espermatozoides. Francamente, es rayar en la ignorancia, pero sobre todo, es mal informar a las personas que carecen de esos conocimientos para así contrarrestar las campañas preventivas de las autoridades y de las organizaciones no gubernamentales que dedican tiempo, esfuerzo y recursos para orientar a la población con la finalidad de que ésta se proteja de las enfermedades y logre, a la vez, planificar la familia.

El primero de diciembre de cada año se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Sida. Los primeros decesos por esa enfermedad, que se ha convertido en pandemia, aparecieron en 1981, aunque muchos nos empezamos a enterar de su presencia maléfica a finales de los años 80, y eso porque personajes famosos a escala internacional empezaron a morir víctimas de ese mal. En 1984 se descubrió que el entonces llamado cáncer de los homosexuales se originaba por un retrovirus, hasta la fecha indestructible. La paternidad del descubrimiento fue disputada entre estadunidenses y franceses, al igual que la prueba -llamada Elisa- para su detección por medio de análisis sanguíneos.

¿Quién no leyó los más famosos libros que narran la disputa? Está, como ejemplo, la espléndida obra Más grandes que el amor, escrita por el francés Dominique Lapierre, que apareciera en 1990 y en la que, por supuesto, defiende la autoría de la identificación del retrovirus y de la prueba de su detección de parte de los investigadores del Instituto Pasteur de París, encabezados por Luc Montagnier. En 1994 aparece el libro En el filo de la duda, del autor estadunidense Randy Shilts, que después se convirtiera en una buena película, la cual inicia con el cierre de los célebres baños para gay en San Francisco, que va mezclando la lucha de los investigadores médicos de esa ciudad para identificar el origen y en donde se recrea con maestría la investigación de redes de contagio a partir de un aeromozo guapérrimo, que era uno de los pocos agentes portadores del virus. Se critica la falta de apoyo del presidente Reagan, quien se negaba a proporcionar los fondos para investigar la enfermedad que causaba la muerte de los homosexuales. La bronca le estalla al gobierno de Estados Unidos cuando en San Francisco empiezan a morir personas no vinculadas con el movimiento gay, sino por haber recibido transfusiones sanguíneas en una operación, o a los enfermos de hemofilia; lo que obliga a la Cruz Roja a desechar sus bancos de sangre y concluye admitiendo que la paternidad del descubrimiento del retrovirus fue francés y no del doctor Gallo, eminente investigador estadunidense.

¿Qué ha pasado a la fecha? Los informes desde 2001 continúan manteniendo la cifra de infectados de sida en 40 millones de personas, pero ya han muerto millones en el mundo. ¿Qué va quedando claro? Primero, que la mayor concentración de enfermos se encuentra en los países menos desarrollados. A la fecha, sólo en el sur de Africa se localizan 30 millones de enfermos, mientras que en Norteamérica y Europa occidental existen 1.5 millones de infectados, y en Australia y Nueva Zelanda sólo 15 mil; el resto de los enfermos se reparten en Europa oriental, Africa, Asia y América Latina y el Caribe. ¿Qué se colige?, que el sida es una enfermedad de la pobreza, de la ignorancia y de la promiscuidad, y que si el portador cuenta con los recursos necesarios, está bien alimentado y atendido médicamente, no morirá rápido.

En el resto del mundo las personas sin educación ni atención médica, desnutridas, brutales en sus prácticas sexuales y con varias parejas, son más propensas a infectarse y a contagiar a sus esposas, las cuales ante el deleznable machismo no pueden negociar el trato digno y amoroso que merecen, ni que el marido sea promiscuo y que use preservativos. Así, hoy las mujeres encabezan las cifras de enfermos y, en consecuencia, sus hijos, por conducto del parto y la lactancia.

Los informes más recientes son desastrosos. En Asia, sólo en India y China, con 2 mil 250 millones de personas, se espera un brutal repunte del sida, que ya ha hecho su aparición por los fenómenos antes descritos y, como en el resto del mundo, por el uso de enervantes intravenosos con agujas infectadas. Hoy en India existen 4.6 millones de enfermos, y en China se espera que en 2010 pueda haber 10 millones de infectados. Le seguiremos informando. Por lo pronto, el gobierno del cambio debe detener a sus extremistas para que frenen sus campañas en contra del combate al sida, enfermedad mortal. Caray, afánense, por México.

 

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