Resistencia y soberanía
del pueblo boliviano
Adolfo Pérez Esquivel
13 de junio del 2005
Bolivia ha soportado la violencia
estructural y social a lo largo de su historia. Las luchas de
mineros, campesinos y sectores sociales ponen en evidencia la
grave situación que vive, frente a la inercia y complicidad
de gobiernos que han privilegiado a los sectores del poder y han
dejado en el olvido intencionado al pueblo, que ha reaccionado
a través de la resistencia social frente al empobrecimiento
cada vez mayor de la población, la cual debe soportar la
falta de políticas y programas que contemplen las necesidades
básicas y recursos para salud, educación, trabajo
y vida digna; un pueblo que ve cómo van aumentando el hambre,
la pobreza y la exclusión social, mientras se llevan sus
recursos. Cuando reaccionan frente a las injusticias, los acusan
de subversivos y violentos por sus reclamos sociales, y la respuesta
desde el Estado es la represión.
Gobiernos de muchos países están
aplicando las llamadas "leyes antiterroristas", que
justifican que cualquier protesta social se asocie con el terrorismo
y no con el derecho de los pueblos.
El pueblo boliviano está sentado sobre
grandes recursos y riquezas que le pertenecen, pero esos beneficios
no le llegan y son saqueados por trasnacionales y la oligarquía,
que acumulan y no distribuyen las ganancias.
La renuncia del presidente Carlos Mesa evidencia
las fuertes presiones que llevaron al país a la ingobernabilidad
y al aumento de las tensiones, generando caos y violencia; con
la amenaza de un posible golpe militar apoyado por Estados Unidos
para imponer a quien pueda proteger sus intereses económicos
y políticos, como los hidrocarburos y, principalmente,
el gas.
Lamentablemente ya hay un muerto y dos heridos
víctimas de la violencia institucional.
En el contexto de esta situación, uno
de los hechos preocupantes es el acuerdo entre Estados Unidos
y el gobierno del Paraguay para el ingreso de tropas estadunidenses
con total inmunidad a ese país. La intervención
del embajador estadunidense en Bolivia es signo de alerta, de
la búsqueda de impedir que Evo Morales, dirigente del Movimiento
al Socialismo (MAS), pueda acceder a la presidencia de esa nación.
Existen antecedentes de alto riesgo; por ejemplo,
el gobierno de Bush "ordena" al secretario general de
la Organización de Estados Americanos que siga con atención
el desarrollo de los acontecimientos en Bolivia y, de ser necesario,
tome las "medidas adecuadas". No sería raro que
tenga en mente, por la proximidad de tropas estadunidenses en
Paraguay, una intervención semejante a la invasión
en Haití, con las graves consecuencias que hoy está
viviendo ese país, que debe soportar las tropas de ocupación,
la violencia y el aumento de la pobreza.
Está a debate en el Parlamento, donde
todavía no se han tomado decisiones, la convocatoria a
una constituyente y el llamado a elecciones presidenciales adelantadas,
que la misma Iglesia católica viene promoviendo con el
fin de lograr la estabilidad constitucional y la normalización
del país.
Luego de fuertes tensiones en el Parlamento
y tras la renuncia de Hormando Vaca Diez y Mario Cossío,
asume como presidente de Bolivia el titular de la Corte Suprema
de Justicia, Eduardo Rodríguez, quien deberá convocar
a elecciones anticipadas en un plazo de 90 días.
El dirigente del MAS, Evo Morales, reclama la
nacionalización de los recursos del pueblo, los hidrocarburos
y el gas, a lo que se oponen sectores empresariales aliados con
el gobierno de Estados Unidos.
La violencia estructural y social ha dañado
profundamente las condiciones de vida, y la reacción del
pueblo es legítima al reclamar sus derechos, los cuales,
sistemáticamente, le son negados.
Los acontecimientos se aceleran y cambian rápidamente.
Esperemos que el sentido común, que se ha transformado
en el menos común de los sentidos, permita a dirigentes
políticos y organizaciones sociales encontrar caminos y
alternativas para lograr el respeto a la soberanía del
pueblo boliviano y reclamar cambios profundos en las instituciones
del Estado. Esperamos que esos cambios que el pueblo reclama se
realicen sin violencia, a través del diálogo y teniendo
como centro el bien común.
El problema que vive Bolivia no es un hecho
aislado del resto del continente, que viene sufriendo la imposición
de políticas neoliberales por el Fondo Monetario Internacional,
el Banco Mundial y el Departamento de Estado estadunidense, que
exigen la privatización de empresas nacionales y de servicios
y los recursos naturales.
El gran debate que se abre es analizar el tipo
de democracia que viven los pueblos, más formal que real,
delegativa y no participativa.
Cuando los pueblos votan, al día siguiente
quedan en estado de indefensión. Al delegar el poder a
quienes gobiernan, los ciudadanos quedan excluidos de las decisiones
del Estado.
El sistema democrático impuesto está
en crisis y es necesario revertir esa situación, pasar
de democracias delegativas, que llevan a los pueblos a la indefensión
y sometimiento, como son: la deuda externa y las privatizaciones
de las empresas nacionales y los recursos naturales, que llevan
a la dependencia y a la pérdida de la soberanía.
Como dicen los hermanos indígenas del
Cauca, en Colombia, "hay que hacer caminar la palabra de
la resistencia", recuperar el verdadero sentido de las palabras,
hacia la construcción de democracias participativas, donde
los grandes temas y problemas que hacen la situación de
los pueblos, a su presente y futuro, se decidan a través
de plebiscitos, consultas populares, referendos y disponer de
la capacidad de revocatoria de mandatos a gobernantes y funcionarios
que no cumplan su deber de ser servidores del pueblo.
No hay hechos aislados en el continente. Existen
emergentes sociales a partir de la resistencia y participación
social de los pueblos frente a las injusticias, como el alzamiento
del pueblo boliviano.
Otros emergentes han surgido en varios países,
como la reciente rebelión popular en Ecuador frente a un
gobierno que traicionó a su pueblo, o el alzamiento popular
en Argentina, ante un gobierno incapaz que llevó a una
debacle económica y al aumento de la pobreza.
El continente se encuentra en estado deliberativo
y debe promover acciones que lleven a los cambios que los pueblos
requieran. Mientras, las políticas neoliberales pretenden
globalizar la miseria, la marginalidad y la dominación.
El pueblo boliviano ha dado a través
de su historia claros ejemplos de resistencia y dignidad, y hoy
vuelve a alzar su voz para evitar el saqueo de sus recursos, lo
que afecta el presente y futuro del país.
Los pueblos del continente deben estar
en estado de alerta frente a las políticas impuestas por
los centros del poder dominante y desarrollar la solidaridad y
apoyo entre sí. Hoy es Bolivia, mañana pueden ser
nuestros pueblos.
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