"En
Colombia no hay guerrillas sino bandas armadas": José Saramago
El premio Nobel de Literatura
de 1998, José Saramago, asegura, en entrevista con el periodista
cololombiano Yamid Amat, que esos grupos "mucho menos son comunistas".
Equipo
Nizkor
28
de noviembre del 2004
Este
escritor y pensador (Portugal, 1922) goza de una admiración
sin limites por un mundo que lo ha consagrado con una de las
principales figuras literarias del ultimo siglo. Saramago es
dueño de un mundo propio que creó libro a libro
desde su primera novela 'Tierra de pecado' (1947), o su trabajo
narrativo de 'Memorial del convento' (1982) y 'La balsa de piedra'
(1986), hasta el escándalo y la controversia de 'El evangelio
según Jesucristo' (1991) o la indiscutible originalidad
de 'Ensayo sobre la ceguera' (1996) y 'La caverna' (2000). Escéptico
e intelectual, Saramago (primer portugués en conseguir
el Premio Nobel de Literatura) mantiene una postura ética
comprometida con el género humano. Es desde siempre miembro
del Partido Comunista. Se sumó a la llamada Revolución
de los claveles que acabó con la dictadura en Portugal
(1974).
Vino a Colombia
en desarrollo de una gira por varios países para promover
su última novela Ensayo sobre la lucidez, su creación
más política, donde plantea una original hipótesis
sobre lo que pasaría en un pueblo si el 83 por ciento de
los electores votaran en blanco.
Dice que desea
un reportaje más sobre temas políticos, temas americanos,
temas colombianos, que sobre asuntos literarios.
Usted conoce
bien la situación colombiana. ¿Se justifica la guerrilla?
La guerrilla
tiene toda la justificación cuando la situación
es la de un país ocupado por un invasor y la gente tiene
que organizarse para resistir. Lo que pasó en Francia en
la Segunda Guerra Mundial o lo que ocurre hoy en países
como Irak. El concepto de guerrilla tiene algún sentido
de nobleza, es decir, ciudadanos que se organizan para resistir
al invasor. No creo que ese sea el caso de Colombia. Aquí
no hay guerrilla, sino bandas armadas.
Usted es
comunista y la guerrilla se ha identificado con el comunismo...
No puedo imaginar
a un país con un gobierno comunista que se dedicara al
secuestro, al asesinato, a la violación de derechos. Ellos
no son comunistas. Quizás en un principio lo fueron, ahora
no.
Frente
a los graves problemas sociales del país, ¿cuál
es la alternativa?
Por un lado,
una democracia efectiva que funcione y por el otro, el respeto
a los derechos humanos. Cada vez que hay elecciones, se presentan
los partidos con sus propuestas para obtener votos. Si los partidos,
en lugar de cansarse con tanta promesa que no cumplen, se limitaran
a defender la Declaración Universal de los Derechos Humanos,
tendrían un programa de gobierno. Los derechos humanos
no se cumplen en ninguna parte. Derecho a la vida, a la existencia
decorosa, a comer y trabajar, a la salud y la educación.
La gran batalla de la ciudadanía debe ser la batalla por
los derechos humanos.
¿Por qué
no se cumplen?
Cuando me
entregaron el Nobel, el 10 de diciembre de 1998, se cumplían
exactamente en esa fecha 50 años de la firma de la actualización
de los derechos humanos en 1948. Por esos días hubo en
todo el mundo eventos y noticias sobre los derechos humanos. Al
año siguiente, el 10 de diciembre del 99, no escuché
ni leí ninguna palabra. Estoy muy atento a lo que pasara
ya en pocos días, el 10 de diciembre de este año,
pero estoy seguro de que nadie hablara de ellos. Los gobiernos
no los cumplen. A las empresas multinacionales y a las nacionales
no les importa. La ciudadanía esta apática. Los
derechos humanos siguen siendo una especie de comedia, peor que
una comedia una farsa y, peor que una farsa, una tragedia, porque
sólo sirven para la retórica parlamentaria o política
cuando conviene, pero luego se les pone una piedra encima y se
acabó.
¿Y qué
hacer en un país como Colombia, con dos millones de desplazados,
con tres mil secuestrados, con mujeres maltratadas, con niñas
violadas, con niños en la guerra, con hombres asesinados...?
Como consuelo
debo decir que para aliviar grandes males, grandes remedios: votar
en blanco. Que se acabe con esa especie de fatalidad casi mecánica
de votar por ese señor o por aquel otro para que todo siga
igual: la policía con sus atropellos, las bandas armadas
con sus secuestros, la gente con su hambre y su desempleo; la
ciudadanía tiene que decir basta. Pero no es decir "basta"
y quedarse en casa, es decir, abstenerse de votar; es decir "basta"
y votar en blanco. Le aseguro que se notaría y que el sistema
empezaría a temblar.
¿Usted
ha votado en blanco?
No, yo nunca
he votado en blanco.
Si no lo
ha hecho, ¿por qué lo promueve?
No estoy haciendo
promoción, ni apología del voto en blanco. Digo
"el voto en blanco es y existe" y pueda que ocurra, en alguna
circunstancia, que sea la única respuesta posible.
¿Pero usted
lo justifica?
No, pero le
voy a decir esto: si yo fuera colombiano y tuviera la ocasión
de votar, votaría en blanco. Por una razón muy sencilla:
el entorno que hay, no me satisface. Así expresaría
mi descontento.
Si ganara
el voto en blanco, ¿sería un descalabro para la democracia?
¿40 o 50 por
ciento de abstención no es un descalabro para la democracia?
Y esto nos conduce a la peor de las conclusiones: la de los políticos
que prefieren la abstención porque a ella ya se acostumbraron
y nos han hecho acostumbrar a nosotros.
En su última
obra, 'Ensayo sobre la lucidez', narra, precisamente, lo que ocurre
en un pueblo que decide votar en blanco. Pero también denuncia
que el poder económico es el que realmente tiene el poder,
no el poder político...
La influencia,
el dominio del poder económico sobre la autoridad política
no es de ahora, es de siempre. Lo que pasa es que, en nuestros
días, el imperio económico, imperio financiero,
se tomó el mundo. A eso lo llaman "globalización".
Todo está por debajo del poder económico. En el
fondo los gobiernos no gobiernan. Ordenan cosas en lo cotidiano.
Pero, en lo esencial, que es lo que determina la vida concreta
de la gente, nada hacen. A lo mejor no pueden, a lo mejor no quieren,
a lo mejor es mitad no quieren y mitad no pueden. Hay señores
que están por encima de todo esto, y me da la gana decirlo,
por encima del bien. Sí por encima del bien, no por encima
del bien y del mal. ¡No! Están por encima del bien, por
encima del bien común, pero no por encima del mal. Vivimos
en una plutocracia, el gobierno de los ricos.
¿Y la democracia?
La democracia....
El poder político no tiene ninguna forma de controlar los
abusos del poder económico que son muchos, innumerables.
Vivimos en un sistema llamado 'democrático' en el que el
ciudadano no puede hacer nada distinto de quitar un gobierno y
poner otro en su lugar, y eso no cambia nada. Yo suelo dar un
ejemplo muy sencillo: no hace muchos años se hablaba del
buen empleo, del pleno empleo. Eso se acabó y ahora vivimos
lo que se llama eufemísticamente "movilidad social". Es
un insulto llamar "movilidad social" a esta situación de
precariedad de empleo en todas partes.
¿Pero esa
situación no es culpa de los gobiernos?
No. A ningún
gobierno con alguna inteligencia se le ocurriría. Es el
poder económico el que ha creado estas nuevas concepciones
del empleo. El poder económico ha dicho: hagan las leyes
necesarias para flexibilizar el mercado de trabajo y que funcione
como nos gusta. ¿Se puede seguir hablando de democracia en una
situación así?
¿Sus relaciones
con Cuba y con Fidel Castro siguen rotas?
Yo dije en
abril del año pasado, luego de los fusilamientos de los
tres cubanos que secuestraron un ferry en La Habana, que Cuba
no había ganado ninguna batalla heroica fusilando a esos
tres hombres, pero que sí había perdido mi confianza,
dañado mis esperanzas y defraudado mis sueños. Sigo
pensando igual. Dije que, a partir de ese momento, Cuba seguiría
su camino y yo me quedaba. Hasta aquí he llegado, dije,
y hasta ahí llegué.
¿Cree que
sus opiniones influyeron en algo para obtener el Nobel?
No. No, el
Nobel se atribuye por razones literarias. Antes del Nobel, decía
lo que estoy diciendo ahora. Lo que pasa es que el Nobel es como
una especie de amplificador de la voz para todo lo que uno dice.
Pero ni el Nobel me ha hecho decir lo que antes no decía,
porque yo lo decía, ni me ha hecho callar, porque nunca
he callado lo que tengo que decir.
Es explicable
que un joven a los 17 años sea comunista, ¿pero también
lo es que un hombre a su edad lo sea?
¿Conoce el
dicho de que "quien a los 20 años, no sea revolucionario,
no tiene corazón y quien a los 40, lo siga siendo, no tiene
cabeza"? Yo sigo teniendo corazón y cabeza. Por lo tanto,
soy lo que he sido antes. A los 82 años se puede seguir
con la misma ilusión.
Pero usted
tiene una tremenda reputación de pesimista...
Es que los
únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas,
porque los optimistas están encantados con lo que hay.
¿Usted
cree que el pueblo de E.U., por ejemplo, al reelegir al presidente
Bush, mostró que estaba encantado con lo que había?
Bush es muy
estúpido y a los estúpidos hay que tenerles paciencia.
Para ser presidente en Estados Unidos se necesita ser rico, porque
no hay memoria -por lo menos reciente- de un presidente que hubiera
salido de la clase obrera y tenido el apoyo de la gran industria
del petróleo y de las armas que ponen en la cabeza del
gobierno a un representante suyo. Bush es un hombre que miente
sin pudor.
En Colombia,
además de los problemas mencionados, estamos acabando con
nuestros indígenas, tanto la guerrilla, como el paramilitarismo
y el narcotráfico, los están asesinando...
Este genocidio
lento contra los verdaderos dueños de la tierra americana
empezó en el año de 1492 y sigue implacable. No
hablo sólo de Colombia, hablo de los indígenas de
Chenalhó en Chiapas (México) o de los mapuches del
sur. Me deja sin ánimo que a la gente no le importe nada
lo que pase con los indígenas; es la señal de la
marca del colonizador. De seguir así, un día se
acabará con los indígenas de América, como
si fueran una especie de animales que un día se extingue
y la gente dirá: "Fue un crimen más, para añadir
a los otros crímenes que se han cometido contra los indígenas".
¿Para dónde
va el mundo?
Hace unas
semanas, estábamos en Milán mi mujer y yo cenando
con Umberto Eco. Me dijo en un momento: "Tengo miedo del futuro
por mi nieto". Si usted analiza lo que acabo de decir en este
reportaje, hallará que todos debemos tener miedo del futuro.
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©2003-2005. Los pobres de la tierra.org - San José,
Costa Rica.
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