Estrategia
para no ser un mono ciego, sordo y mudo
Santiago
González
Comité
de Solidaridad con la Causa Arabe - Rebelión
10
de febrero del 2005
Homenaje
a los periodistas que intentan informar
Si en las guerras se planifica el cómo influir en las opiniones
públicas y hacerlas refractarias al uso de la fuerza e
ignorantes de las razones que impulsan a sus promotores con señuelos
trabajados en departamentos de mercadotecnia, en la posguerra
ocurre eso y más.
En este caso, los promotores de la guerra contra Iraq ya habían
hecho ensayos en la invasión de Granada, Panamá
o el estropicio de Somalia. Había todo un tratado de cómo
intervenir y trasladar a las opiniones públicas segmentadamente
las intervenciones en los territorios balcánicos. Y, además,
contaban con el factor del ‘cansancio’ popular.
Las personas occidentales maleducados en el lenguaje del acontecimiento,
del suceso, en la vertiginosidad de los periódicos o de
los telediarios ríos que aplastan los titulares de un día
para otro, prestamos poca atención y huimos de los análisis,
de la perspectiva y la reflexión del porqué de las
causas que son el soporte de los eventos o hechos que si no son
leídos conjuntamente y con su cronología aparecen
como una pleyade de brutalidades sin sentido y acaban imponiéndose
eslóganes de ‘paz’ ante todo y como sea, sin
mirar que lo que se está apoyando es un estatus quo impuesto
por la tiranía del más fuerte, caso de Palestina
o, simplemente, el hastío y el aburrimiento. ¡Que
lo resuelvan –y ya no se plantea el cómo, ni el porqué,
ni quiénes, ni para qué- ellos!
Fran Sevilla, redactor de Radio Nacional, tras acabar su secuestro
o aprisionamiento por parte de una facción en Iraq, mostraba
que el seguir la noticia en este caso el enfrentamiento de las
milicias de Al Sadr contra el ejército de ocupación
estadounidense, era peligroso, pero que era imprescindible si
queríamos tener una lectura diferente a los comunicados
del departamento de propaganda de Washington. El no estar presente,
equivalía a hacer las crónicas desde los hoteles
de la línea verde a base de las filtraciones de ese u otros
departamentos de propaganda, como bien ha descrito, Robert Fisk
desde The Independent.
Todo esto viene a cuento para resaltar que, ante la carencia del
ocupado de poder transmitir sus ideas y preocupaciones, perseguidos
y encarcelados los disidentes de la ocupación, los ojos,
oídos y boca de lo que está ocurriendo allí,
en Faluya, Kirkuk y en todo Iraq depende de que personas, como
los periodistas, en su día también los brigadistas
internacionalistas, transmitan sus crónicas.
Esto también vale, quizá, para los periodistas empotrados.
Ellos son un reflejo de la realidad precaria de una profesión
y los intentos por parte del atacante de humanizar su agresión.
En todo caso, no vale ningún corresponsal especial ‘paracaidista’
que le den sucesivamente a cubrir el campeonato de balonmano,
el rumor de una crónica rosa o a los pobres palestinos
de las chabolas de Sabra y Chatila sin saber nada de cada una
de las cosas más que la charla con otro ‘colega’
en el tramo aéreo del acontecimiento.
Por todo esto, entre la planificación del cansancio mediático,
la facilidad ‘informativa’ de las crónicas
fabricadas en videoconferencias desde los estudios del Pentágono
es muy meritoria la labor de aquellas personas que intentan comprender,
que buscan fuentes alejadas de los apologetas y traban contacto
con los ciudadanos de la calle. De ahí, el realizar crónicas
políticamente incorrectas provienen los asesinatos de periodistas
y las presiones para cerrar Al Jazzera. Por supuesto, los medios
de comunicación son empresas de comunicación y responden
a los intereses de sus patrocinadores. Pero caben rendijas en
el sistema y las crónicas abren otros espejos que afectan
a la realidad del rey desnudo del imperialismo.
Y, por eso, el ataque y secuestro de esas personas va en perjuicio
de la resistencia iraquí. A pesar de que exista el peligro
de la existencia de espías y de personas de doble faz.
Mucho nos tememos que esas acciones respondan a intereses espureos
a los intereses del pueblo iraquí y estén más
cercanos a una estrategia de tapar oídos, ojos y boca del
resto de los ciudadanos de este mundo.
Si ahora nos congratulamos de la imposición de la Medalla
al Mérito al Trabajo a Julio Anguita, José Couso,
Julio Fuentes, Ricardo Ortega, Jordi Pujol, Juantxu Rodríguez
y Luís Valtueña, debemos mostrar nuestro apoyo,
solidaridad e insistir en su libertad de Taiysir Alony, Florence
Aubenas y Giuliana Sgrena.
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