Medios
de comunicación en crisis
Ignacio
Ramonet
Le
Monde Diplomatique
Enero
del 2005
Nada
simboliza mejor el desasosiego de la prensa francesa, frente a
una alarmante baja en su difusión, que la reciente disposición
del diario Libération, otrora maoísta, de favorecer
la toma de control de su capital por el banquero Edouard de Rothschild...
Hace poco, el grupo Socpresse, que publica unos 70 títulos,
entre ellos Le Figaro, L'Express, L'Expansion y decenas de diarios
regionales, fue comprado a su vez por un fabricante de armas,
Serge Dassault. Y se sabe que otro industrial del armamento, Arnaud
Lagardère, es dueño del grupo Hachette (1) que posee
47 revistas (entre las cuales están Elle, Parents, Première)
y diarios como La Provence, Nice-Matin o Corse-Presse. Si prosiguiera
esta caída de la difusión, la prensa escrita independiente
correría el riesgo de caer poco a poco bajo el control
de un pequeño grupo de industriales -Bouygues, Dassault,
Lagardère, Pinault, Arnault, Bolloré, BertelsmannŠ-
que multiplican sus alianzas entre ellos, amenazando así
el pluralismo.
La caída
afecta actualmente a toda la prensa de referencia. Por primera
vez desde hace quince años no se libra Le Monde Diplomatique.
Nuestro periódico, que desde 1990 registraba un aumento
regular en su difusión y que entre 2001 y 2003 tuvo un
crecimiento récord en su venta -superior al 25% acumulado-
habrá tenido sin duda en 2004 un retroceso del 12% en su
difusión (2). La mayoría de los grandes diarios
franceses de circulación nacional registrarán también
un descenso importante, que se sumará al sufrido en 2003,
a saber: Le Figaro: -4,4%; Libération: -6,2%; Les Echos:
-6,4%; Le Monde: -7,5%; y La Tribune: -12,3%.
El fenómeno
está lejos de circunscribirse a Francia. El diario estadounidense
International Herald Tribune, por ejemplo, vio bajar sus ventas
en 2003 en el 4,16%; en el Reino Unido, el Financial Times cayó
en el 6,6%; en Alemania, en los últimos cinco años
la difusión ha bajado el 7%, en Dinamarca el 9,5%, en Austria
el 9,9%, en Bélgica el 6,9%, e incluso en Japón,
cuyos habitantes son los mayores consumidores de periódicos,
el retroceso ha sido del 2,2%. Dentro de la Unión Europea,
el número de periódicos vendidos cada día
es inferior en un millón de ejemplares respecto de hace
10 años... A escala mundial, la venta de diarios cae cada
año un promedio del 2%. Hay quienes llegan a preguntarse
si la prensa escrita no se convertirá en algo del pasado,
un medio de la era industrial en vías de desaparición.
Aquí
y allá hay periódicos que desaparecen. En Hungría,
el 5 de noviembre de 2004, el diario Magyar Hirlap (propiedad
del grupo suizo Ringier) cerró sus puertas. La víspera,
4 de noviembre, en Hong Kong, el semanario otrora de referencia
sobre temas asiáticos Far Eastern Economic Review (propiedad
del grupo estadounidense Down Jones) dejó de publicarse.
En Francia, el 7 de diciembre de 2004, el mensual Nova Magazine
también interrumpió su salida. En Estados Unidos,
entre 2000 y 2004, desaparecieron más de dos mil empleos
en la prensa escrita, lo que representa el 4% del total. La recesión
afecta también a las agencias de prensa que suministran
información a los periódicos. La principal de ellas,
Reuters, acaba de anunciar una reducción de 4.500 empleos.
Se conocen
las causas externas de esa crisis. Por una parte, la ofensiva
devastadora de los diarios gratuitos. En Francia, el gratuito
20 Minutes ya ha tomado claramente la delantera en número
de lectores, pues llega a más de dos millones de personas
por día en promedio, superando ampliamente al diario de
pago Le Parisien (1,7 millones) y a otro gratuito, Metro, que
diariamente leen 1,6 millones de personas. Esos medios captan
importantes flujos publicitarios, dado que los anunciantes no
hacen ninguna distinción entre el lector que paga por su
diario y el que lo recibe gratis.
Para resistir
a esa competencia que podría resultar mortal para los diarios
-y que ya amenaza a los semanarios- algunos de ellos, sobre todo
en Italia, España, Grecia y Turquía (aunque el fenómeno
se extiende también a Francia) proponen con cada entrega,
por una pequeña suma extra, una revista de historietas,
un DVD, CD, libros, Atlas, enciclopedias, colecciones de sellos
o de antiguos billetes de banco, y hasta vajillas, juegos de ajedrez,
etc. Lo cual refuerza la confusión entre información
y mercancía, con el riesgo de que los lectores ya no sepan
qué es lo que compran. Así es como los diarios enturbian
más su identidad, desvalorizan el título y ponen
en marcha un engranaje diabólico quenadie sabe en qué
acabará.
La otra causa
externa es, claro está, Internet, que continúa su
fabulosa expansión. Unicamente en el curso del primer trimestre
de 2004 se crearon 4,7 millones de sitios web. Actualmente existen
en el mundo unos 70 millones de sitios e Internet cuenta con más
de 700 millones de usuarios. En los países derrollados,
muchas personas abandonan la lectura de la prensa-y hasta la televisión-
por la pantalla del ordenador. El ADSL (Asymetric Digital Subscriber
Line), ha modificado la situación especialmente. Por precios
que oscilan entre los 10 y los 30 euros, hoy en día es
posible abonarse a Internet de alta velocidad. Actualmente, en
Francia, más de 5,5 millones de hogares están abonados
con conexión ultra rápida a la prensa digital (el
79% de los diarios del mundo poseen ediciones electrónicas),
a todo tipo de textos, e-mail, fotos, música, programas
de televisión o de radio, películas, videojuegos,
etc.
Existe además
el fenómeno de los "blogs", característico
de la cultura web, cuyo número ha aumentado de manera impresionante
en todo el mundo durante el segundo semestre de 2004, y que, con
el tono de un diario íntimo, mezclan sin complejo información
y opinión, hechos verificados y rumores, análisis
documentados e impresiones fantasiosas. Su éxito es tal,
que se encuentran en la mayoría de los diarios digitales.
Esa avidez muestra que muchos lectores prefieren la subjetividad
y la parcialidad asumidas de los bloggers a la falsa objetividad
y a la imparcialidad hipócrita de la gran prensa. Por otra
parte, la conexión a la galaxia Internet a través
de los teléfonos-móviles-multifunciones puede acelerar
aún más ese movimiento. De esta manera la información
se vuelve más móvil y más nómada.
Así es posible saber, en todo momento, lo que ocurre en
el mundo.
En la India,
la firma Times Internet, filial multimedia del diario Times of
India, envía mensualmente a los teléfonos móviles
de sus abonados más de 30 millones de informaciones en
forma de SMS (Short Message Service), tecnología que permite
una comunicación rápida, breve y económica.
En Japón y en Corea del Sur, una cantidad creciente de
personas se informan a través de sus teléfonos móviles.
Allí reciben programas de radio, de televisión y
los canales de información permanente. Resultado: todos
los sectores de información, fuera de Internet, pierden
audiencia dado el alto nivel de competencia existente entre los
medios de comunicación (3).
Pero la crisis
tiene también causas internas, que obedecen principalmente
a la pérdida de credibilidad de la prensa escrita. En primer
lugar porque ésta pertenece cada vez más -como hemos
visto- a grupos industriales que controlan el poder económico
y que están en connivencia con el poder político.
Y también porque la parcialidad, la falta de objetividad,
la mentira, las manipulaciones o simplemente las imposturas, no
cesan de aumentar. Sabemos que no ha existido ninguna época
dorada de la información, pero actualmente esas derivas
han alcanzado también a los diarios de calidad. En Estados
Unidos, el caso de Jayson Blair, el periodista estrella que falsificaba
hechos, plagiaba artículos copiados de Internet y que incluso
inventó decenas de historias, causó un perjuicio
colosal al New York Times, que a menudo publicaba sus fabulaciones
en portada (4). Ese diario, que era considerado una referencia
por los profesionales, sufrió una conmoción a raíz
del mencionado caso: los dos responsables de la redacción,
Howell Raines y Gerald Boyd, debieron renunciar, y hubo que crear
un puesto de ombudsman (defensor del lector), para el que fue
designado Daniel Okrent, un ensayista y ex jefe de redacción
de la revista Time.
Pocos meses
después estalló otro escándalo, aún
más estruendoso, en el primer diario de Estados Unidos,
USA Today. Sus lectores descubrían, estupefactos, que su
más célebre reportero, Jack Kelley, una estrella
internacional que desde hacía 20 años viajaba por
todo el mundo, que había entrevistado a 36 jefes de Estado
y cubierto una decena de guerras, era un falsificador compulsivo,
un "impostor en serie". Entre 1993 y 2003, Kelley había
inventado cientos de relatos sensacionales. Como por azar, siempre
estaba en el lugar donde ocurrían los acontecimientos,
de los que extraía historias excepcionales y apasionantes.
En uno de sus reportajes decía haber sido testigo de un
atentado en una pizzería de Jerusalén y describía
a tres hombres que comían junto a él, cuyos cuerpos
habían sido proyectados hacia arriba por la explosión,
cayendo luego decapitados, mientras las cabezas rodaban sobre
la calle...
Su reportaje
más grosero, aparecido el 10 de marzo de 2000, era sobre
Cuba. Kelley había fotografiado a una empleada de hotel
-Jacqueline- cuya fuga clandestina a bordo de un frágil
esquife relataba con lujo de detalles, incluyendo la muerte de
la desdichada, ahogada en el estrecho de la Florida. En realidad,
la mujer -cuyo verdadero nombre era Yamilet Fernández-
está viva actualmente y nunca ha corrido tal aventura.
Otro periodista de Usa Today, Blake Morrison, la entrevistó
y pudo verificar que Kelley había mentido (5). Las revelaciones
de esos fraudes, considerados como uno de los mayores escándalos
del periodismo estadounidense, le costaron el puesto a la directora
de la redacción, Karen Jurgensen, y a otros dos altos directivos:
Brian Gallagher, su adjunto, y Hal Ritter, responsable de la información
(6).
Más
recientemente, en plena campaña electoral, un nuevo sismo
deontológico sacudió el mundo de los medios. Dan
Rather, el presentador estrella del informativo televisivo de
CBS y del prestigioso programa "60 minutos", reconoció
haber difundido, sin verificarlos, falsos documentos para probar
que el presidente Bush había gozado de ayuda para evitar
ser enviado a la guerra de Vietnam (7). Rather anunció
que abandonaba su puesto y se retiraba.
Intoxicación
sobre Irak.
A todos esos
desastres hay que añadir el cambio de manos de los grandes
medios, transformados en órganos de propaganda -en particular
el canal Fox News (8)- de las mentiras de la Casa Blanca respecto
de Irak. Los diarios no verificaron ni pusieron en duda las afirmaciones
de la Administración de Bush. De haberlo hecho, un documental
como Farenheit 9/11, de Michael Moore, no hubiera tenido tanto
éxito, ya que la información que aporta la película
estaba disponible desde hacía mucho. Pero los medios la
habían ocultado.
Incluso el
Washington Post y el New York Times participaron de ese "lavado
de cerebro", como lo mostró perfectamente un especialista
de los medios, John Pilger: "Mucho antes de la invasión,
ambos diarios creaban falsas alarmas por cuenta de la Casa Blanca.
En la portada del New York Times podían leerse títulos
como: 'Arsenal secreto [de Irak]: en busca de las bacterias de
guerra', 'Un desertor describe los progresos de la bomba atómica
en Irak', 'Un iraquí habla de la renovación de los
emplazamientos de armas químicas y nucleares', o 'Desertores
refuerzan el informe estadounidense contra Irak, afirman los oficiales'.
Todos esos artículos resultaron ser pura propaganda. En
un correo electrónico interno (publicado por el Washington
Post) la periodista estrella del New York Times, Judith Miller,
admitió que su fuente principal era Ahmed Chalabi, un exiliado
iraquí, un prevaricador condenado por la justicia, que
había dirigido el Congreso Nacional Iraquí (CNI),
organización con sede en Washington y financiada por la
CIA. Una investigación del Congreso llegó posteriormente
a la conclusión de que toda la información suministrada
por Chalabi y por otros exiliados del CNI carecía de valor"
(9).
Un oficial
de la CIA, Robert Baer, reveló cómo funcionaba ese
sistema de intoxicación: "El Congreso Nacional Iraquí
(CNI) tomaba sus informaciones de falsos desertores y las pasaba
al Pentágono, posteriormente el Congreso Nacional Iraquí
daba las mismas informaciones a los periodistas diciéndoles:
'Si no lo creen, llamen al Pentágono'. Así se lograba
crear un circuito cerrado con tales noticias. De esa manera, el
New York Times podía decir que tenía dos fuentes
de informaciones sobre las armas de destrucción masiva
en Irak. Lo mismo ocurría con el Washington Post. Los periodistas
no trataban de averiguar más. Por otra parte, los jefes
de redacción les pedían que apoyaran al gobierno,
por patriotismo" (10).
El jefe de
redacción del Washington Post, Steve Coll, debió
renunciar a su cargo el 25 de agosto de 2004, después de
que una investigación mostrara el poco espacio que había
otorgado a los artículos que cuestionaban la tesis del
gobierno en el periodo previo a la invasión de Irak (11).
El New York Times también entonó su mea culpa. En
un editorial publicado el 26 de mayo de 2004, reconoció
su falta de rigor en la presentación de los acontecimientos
que llevaron a la guerra y lamentó haber publicado "informaciones
erróneas".
En Francia,
los desastres mediáticos no son menores, como lo demostró
el tratamiento dado por los principales medios a los casos de
Patrice Alegre, del mozo de equipajes de Orly, de los pederastas
de Outreau y de Marie L. que afirmaba haber sufrido una agresión
antisemita en un tren de las afueras de París (12). El
fenómeno se repite en muchos otros países. En España,
por ejemplo, después de los atentados del 11 de marzo de
2004, los medios controlados por el gobierno de José María
Aznar manipularon la información, tratando de imponer una
"verdad oficial" al servicio de ambiciones electorales,
ocultando la responsabilidad de la red Al Qaeda y atribuyendo
el crimen a la organización vasca ETA.
Todos esos
casos, al igual que la alianza cada vez más estrecha entre
los medios de comunicación y los poderes económicos
y políticos, han causado un daño terrible a la credibilidad
de la prensa. Lo cual revela un inquietante déficit democrático.
Domina el periodismo complaciente, al tiempo que el periodismo
crítico retrocede. Cabe incluso preguntarse si a la hora
de la globalización y de los megagrupos mediáticos
no está desapareciendo la noción de prensa libre.
"Ideas
sanas"
Al respecto,
las declaraciones de Serge Dassault confirman todos los temores.
En cuanto asumió su cargo, el nuevo propietario del diario
Le Figaro declaró a los redactores: "Desearía,
en la medida de lo posible, que el diario pusiera más de
relieve nuestras empresas. Creo que a veces hay informaciones
que requieren mucha precaución. Como por ejemplo, los artículos
sobre los contratos en curso de negociación. Hay informaciones
que hacen más mal que bien. El riesgo consiste en poner
en peligro intereses comerciales o industriales de nuestro país"
(13). Se comprenderá que lo que Dassault llama "nuestro
país" es su fábrica de armas Dassault-Aviation.
Y sin duda para protegerla censuró una entrevista sobre
la venta fraudulenta de aviones Mirage a Taiwán. Al igual
que una información sobre las conversaciones entre el presidente
francés Jacques Chirac y su homólogo argelino Abdelaziz
Bouteflika, sobre un proyecto de venta de aviones Rafale a Argelia
(14).
Recientemente,
Dassault explicó que una de las razones que lo llevaron
a comprar el semanario L'Express y el diario Le Figaro era que
un periódico "permite difundir una cantidad de ideas
sanas", lo que aumentó la inquietud de los periodistas
(15).
Si a esas
declaraciones sumamos las de Patrick Le Lay, director del canal
TF1, sobre la verdadera función de ese gigante de los medios
de comunicación franceses -"La función de TF1
es ayudar a Coca Cola a vender su producto. Lo que nosotros le
vendemos a Coca Cola es tiempo disponible de cerebro humano"
(16)- vemos los peligros que implica esa mezcla de actividades,
hasta tal punto resultan contradictorias la obsesión comercial
y la ética de la información.
La citada
mezcla de actividades puede ir muy lejos, sin que los lectores
se den cuenta. Walter Wells, director del International Herald
Tribune (que pertenece al grupo New York Times, que cotiza en
Bolsa) han advertido recientemente sobre los riesgos de la entrada
en el mercado de valores de las empresas de prensa. "A menudo,
quienes deben tomar una decisión periodística se
preguntan si la misma hará bajar o subir en algunos centavos
el valor en bolsa de las acciones de la editorial. Ese tipo de
consideraciones se ha vuelto capital, los directores de diarios
reciben permanentemente directrices en tal sentido por parte de
los propietarios financieros del periódico. Se trata de
un hecho nuevo en el periodismo contemporáneo, antes no
era así" (17).
Esa confusión,
que manipula y termina atrapando a los lectores, puede ir aún
más lejos en Internet. Así, por ejemplo, el sitio
Forbes.com, de la revista económica estadounidense Forbes,
utiliza un nuevo procedimiento para hacer publicidad, integrando
directamente los enlaces promocionales en el contenido de los
artículos. Los anunciantes compran ciertas palabras-clave
y cuando el cursor del internauta pasa sobre ellas, aparece un
pop-up con un mensaje publicitario. Los periodistas no son informados
por anticipado sobre las palabras-clave que compran los anunciantes,
pero algunos ya se preguntan si dentro de poco no les pedirán
que escriban artículos utilizando palabras precisas que
podrían brindar importantes beneficios económicos
a la empresa periodística.
La era de
la inseguridad informativa
Cada vez más
ciudadanos toman conciencia de esos nuevos peligros y se muestran
muy sensibles respecto de las manipulaciones mediáticas,
convencidos de que en nuestras sociedades hipermediatizadas, vivimos
paradójicamente en estado de inseguridad informativa. La
información prolifera, pero sin ninguna garantía
de fiabilidad. Asistimos al triunfo del periodismo de especulación
y de espectáculo, en detrimento del periodismo de información.
La puesta en escena (el embalaje) predomina sobre la verificación
de los hechos.
En lugar de
constituir la última defensa contra los excesos derivados
de la rapidez y la inmediatez, muchos diarios han fallado en su
misión y han contribuido a veces -en nombre de una concepción
perezosa o policial (18) del periodismo de investigación-
a desacreditar lo que otrora se llamaba el "cuarto poder".
Nuestro fundador, Hubert Beuve-Méry, recordaba siempre:
"Los hechos son sagrados, la opinión es libre".
Pero la actitud que se propaga en los medios parece invertir esa
fórmula. Cada vez más editorialistas consideran
que las que son sagradas son sus opiniones -pocas veces fundamentadas-
a la vez que no dudan en deformar los hechos para obligarlos a
justificar sus opiniones.
En semejante
contexto, en que el entusiasmo militante retrocede mientras cunde
una visión pesimista del futuro, la redacción de
Le Monde diplomatique se consagra a la tarea de mejorar su contenido
editorial y considera que lo más importante es no traicionar
la confianza de los lectores. Más que nunca, contamos con
su movilización y su solidaridad para defender la independencia
de nuestro periódico y la libertad que ella nos garantiza.
Les recordamos que la mejor manera de apoyarnos es suscribirse
sin demora y suscribir a sus amigos.
Somos el periódico
de la sociedad en movimiento, de la crítica social, de
los que quieren que el mundo cambie. Y estamos dispuestos a mantenernos
fieles a principios fundamentales que caracterizan nuestra manera
de informar. Moderando la aceleración mediática;
apostando por un periodismo de las luces, para disipar las sombras
de la actualidad; interesándonos en situaciones que no
están bajo los reflectores de la actualidad, pero que ayudan
a comprender mejor el contexto internacional; proponiendo dossiers
cada vez más completos, más profundos y mejor documentados
sobre los grandes temas contemporáneos; yendo al fondo
de los problemas, con método, rigor y seriedad; presentando
informaciones y análisis inéditos, que muchas veces
permanecían ocultos; y atreviéndonos a ir a contracorriente
de los medios dominantes. Estamos convencidos de que de la calidad
de la información depende la del debate cívico.
La índole de este debate determina en última instancia
la riqueza de la democracia.
NOTAS:
(1) Hachette
Filipacchi Médias, filial de Lagardère Media, es
el primer editor de revistas del mundo, con 245 títulos
en 36 países. Ver el dossier sobre "la concentración
de los medios en Francia" en el sitio del Observatorio francés
de los medios: www.observatoire-medias.info. En el seno del grupo
Le Monde SA -accionista principal (51%) de Le Monde Diplomatique
SA- el grupo Lagardère es accionista (10%) de Midi Libre,
de la imprenta de Le Monde y de Le Monde interactif.
(2) Por contra, el número de artículos leídos
en nuestro sitio internet se ha duplicado en 2004. Nuestra audiencia
internacional continúa ampliándose: alcanzan el
número de 45, en 20 lenguas, y su difusión acumulada
supera el 1,1 millones de ejemplares.
(3) En Estados
Unidos, la audiencia de los informativos televisivos de los principales
canales pasó de un promedio de 36,3 millones cada noche,
en 1994, a 26,3 millones en 2004.
(4) Ver Le
Monde, 21 de mayo de 2003 y Time, 16 de junio de 2003.
(5) www.usatoday.com/news/2004-03-19-2004-03-19-kelley-cuba_x.htm
(6) Le Monde,
30 de abril de 2004.
(7) Le Monde,
28 de septiembre de 2004.
(8) Cf. el
documental de Robert Greenwald, Outfoxed (2004).
(9) John Pilger,
"Cómo fabricar ciudadanos consumidores, mal informados
y bien pensantes", Le Monde diplomatique, edición
española, octubre de 2004, pág. 28.
(10) En el documental de Robert Greenwald, Uncovered (2003).
(11) The Washington
Post, 12 de agosto de 2004.
(12) Ver la
investigación de Gilles Balbastre, "Les faits divers,
ou le tribunal implacable des médias", Le Monde diplomatique,
París, diciembre 2004.
(13) Le Monde,
9 de septiembre de 2004.
(14) Le Canard
enchaîné, 8 de septiembre de 2004.
(15) Una vez
que Dassault asumió la dirección del grupo Socpresse,
268 periodistas del mismo, es decir, cerca del 10% del total,
invocaron la cláusula de renuncia y anunciaron su renuncia.
(16) En el
libro Les Dirigeants face au changement, ediciones Huitième
jour, Paris, 2004.
(17) El Mundo,
Madrid, 12 de noviembre de 2004.
(18) Donde se confunden demasiado a menudo informadores con soplones,
verdaderas investigaciones con la recepción de mensajes.
* De Le Monde Diplomatique, número 111, de enero 2005,
http://www.monde-diplomatique.es/
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