Auschwitz:
60 años después aún es tabú
Gabriel
Ezkurdia
Gara
- Rebelión
8
de febrero del 2005
Hace una semana que se celebraron los fastos de conmemoración
del 60 aniversario de la liberación del campo de exterminio
nazi de Auschwitz por tropas del Ejercito Rojo. Unos actos conmemorativos,
una vez más, amordazados por lo que ha sido una constante
desde la II Guerra Mundial: la imposibilidad de hablar con libertad
de la Shoah o el también denominado Holocausto de la población
judía de Europa.
Si
en algo se ha insistido en los actos es en el recuerdo de las
víctimas; en la recuperación de la memoria biográfica
de los pocos supervivientes a día de hoy; en la denuncia
de las campañas negacionistas o revisionistas de la extrema
derecha internacional y sobre todo en el hipócrita mensaje
del Nunca Más. Nada sobre responsabilidades históricas
colaterales o indirectas, sobre manipulaciones victimistas de
los hechos o sobre la extensión del exterminio a otros
pueblos razas o colectivos humanos.
Así
es, existe un monopolio sobre los hechos que desdibuja la realidad,
pero hay 60 años después aún es “delicado”
hablar de ello.
Puntualizaciones
El
primer elemento que ha de precisarse, y que ha quedado diluido
es que la Solución Final, que los nazis planificaron en
la Conferencia de Wansee en enero de 1942 para exterminar a los
judíos europeos, se aplicó también de modo
extensivo al pueblo romaní o gitano, a los eslavos en general
como raza infrahumana (no está demás recordar que
entre 1941 y 1945 murieron más de 22 millones de ciudadanos
soviéticos, la cifra más alta de todos los países
que tomaron parte en la contienda), y a otros colectivos sociales
transnacionales como homosexuales, disminuidos etc. Es decir,
sin negar la evidente planificación industrial del nazismo
para exterminar a los judíos, es de justicia recordar que
ello se dio en un contexto en el que otras “razas inferiores”
o miles de personas “infrahumanas” eran exterminadas
también del mismo modo.
Responsabilidades
No
hay duda de que como tipificaba Raul Hilberg, la industria del
genocidio era un engranaje perfecto que abarcaba a todas las instituciones
del estado nazi. Desde la Cancillería del Reich, que promulgaba
las leyes y decretos sobre los judíos, hasta los Einsatzgruppen
SS y los administradores SS de los campos, que hacían el
trabajo físico de exterminar por gas o en matanzas masivas
a los judíos, participaban “del proceso” los
ministerios de educación, de justicia, de economía
de finanzas, de interior, de transportes, de asuntos extranjeros,
de sanidad, pasando por las Iglesias, los bancos, los trust empresariales...
Proporcionaban certificados de arianidad, censos, expropiaciones,
nacionalizaciones de empresas judías, transportes, deportaciones,
detenciones, torturas, gas… El nazismo fue un inmenso engranaje
exterminador que funcionaba con la perfección de un reloj
suizo y que hizo que toda la estructura del estado, toda la sociedad
alemana fuera agente del exterminio.
Nadie
que no sea un neonazi negacionista puede negar la responsabilidad
absoluta del nazismo en la Shoah, en el exterminio de 6 millones
de judíos, de 2 millones de romanís y otros centenares
de miles de personas. Pero son pocas las reflexiones que tras
tantos años denuncias las colaboraciones necesarias. El
engranaje nazi funcionaba porque, por ejemplo, los Consejos judíos
de los Guettos colaboraron en la organización de las deportaciones.
Ellos seleccionaban diariamente a las personas que habían
de ir sin remisión al cadalso de los campos, como denunciaba
en solitario Hanna Arent en su Eichmann en Jerusalén.
La “policía” judía de los guettos, “cipayos”
de las SS, era la que se encargaba de guardar el orden en los
andenes, de perseguir a los que huían entre las calles
de los guettos. En Cracovia, en Varsovia… La shoah nunca
hubiera sido igual sin la colaboración necesaria de esas
elites judías. Tampoco se sacan a la luz las miserables
negociaciones que hicieron con los nazis los lobbyes judios norteamericanos,
por ejemplo, para salvar a determinados personajes de interés
a cambio de infraestructuras para las tropas alemanas; o las constantes
trabas de la “jerarquía judía a los que optaban
por la resistencia, trabas que en muchos casos se convirtieron
en claras entregas de los resistentes de los guettos a los nazis
por parte de la “autoridad judía competente”
Otro
elemento que se obvia es el de la responsabilidad de gran parte
de las sociedades civiles, especialmente la polaca o francesa,
por ejemplo, que miraron en su conjunto hacia otro lado ante las
deportaciones; el caso omiso que se hizo, por parte de los gobiernos
aliados, ya desde finales de 1942, de las pruebas fehacientes
de la existencia de los campos, que huidos de los campos habían
echo llegar vía gobierno polaco en el exilio; tampoco se
habla del porqué no se bombardearon las vías ferreas
o incluso los campos, por parte aliada; ni qué decir que
nada se dice del cobijo norteamericano, de la OSS, predecesora
de la CIA, de miles de criminales nazis tras el final de la guerra,
de sus “servicios posteriores”.
Pensamiento
“criminal”
Los
nazis fueron responsables máximos, evidentemente, pero
aún hay muchas cosas que aclarar, muchas responsabilidades
obviadas, y 60 años después es aún tabú
hablar de estos temas, preguntar, denunciar, y lo es más,
si analizamos los efectos de la Shoah a partir de la II Guerra
Mundial. La Shoah fue el catalizador de la creación impuesta
del estado de Israel por el sionismo, y en gran parte la impunidad
israelí actual emana de la intocabilidad que la Shoah proporcionó
y proporciona al Sionismo, pero hoy, 60 años después
es aún “criminal” razonar así.
“Criminal”
para los defensores de un hipócrita y cínico “Nunca
Más” como el de Sharon, Bush o Putin, con miles de
muertes a sus espaldas en Palestina, Irak o Chechenia. Que instrumentalizan
sentimentalmente la tragedia de millones de personas para evitar
que se indague, se responda, se profundice y se entienda definitivamente
lo que pasó y lo que pasa. Porque la Verdad es crucial
para que no vuelva a ocurrir algo así nunca más,
y esa verdad no interesa. Por eso, la Historia se repite, la limpieza
étnica, los campos existen en el siglo XXI, porque son
ellos, los que propician que se cierre en falso, los que evitan
que se sepa toda la verdad, los que manipulan Auschwich para tapar
su pasado y su presente.
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Costa Rica.
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